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La libertad del diablo

Las pequeñas verdades de México exhibidas en pantalla grande.

 Hay ciertas realidades que superan la ficción en un país de tintes surrealistas como lo es México. La ultraviolencia es algo tan cotidiano que muchas veces, ya ni siquiera resulta anecdótico.

Estas realidades son continuamente proyectadas por distintos medios, sin embargo, para muchos la experiencia documental sigue siendo un ejercicio incómodo, cuando no incomprensible para aquellos que solo buscan entretenimiento.

Everardo González con el documental La libertad del diablo, expone crudamente tan solo un matiz de esta gran realidad mexicana,  un trabajo de investigación que interactuó entre todos los involucrados de la inseguridad al interior del país y que se acerca a pasos agigantados a la Ciudad de México.

La voz del director aparece ocasionalmente cuando hace preguntas directas, sin deseo morboso, sino lleno de mostrar una verdad que aqueja a miles de familias. El llanto de unas hijas que vivieron cómo se llevaron a su madre. Hermanos, madres que narran el hueco desesperado de sus desaparecidos.

Los muchos lados de la moneda

Es en sus miradas donde desciframos el abismo de ese dolor, pero no son los únicos que lloran. Están también los sicarios, que de alguna forma se convierten en víctimas de un sistema roto. El tejido social destruido que los absorbió en la pobreza y los convirtió en seres humanos que perdieron la sensibilidad de arrebatar la vida de otros.

Everardo pregunta a uno de estos criminales si hubo algo que le doliera al realizar su deshumano quehacer. El joven responde que le costaba mucho matar a los niños, que no rogaban o pedían por sus vidas, no pedían clemencia y ahí descubría su inocencia, se daba cuenta que ellos ignoraban la magnitud de la situación.

Con máscaras similares, todos los testigos cuentan su verdad. Es imposible para la audiencia decir de inicio quienes están en qué bando, al cubrirles el rostro no solo se protegió su identidad, también se les arrebata por una hora con cuarenta minutos, el estigma con el que cargarán toda su vida.

¿Cómo inició su carrera criminal un adolescente?, ¿Qué piensa una persona exiliada por la violencia?, ¿Cuál es la reacción de una madre que por fin encontró a sus hijos sin vida?.

Hay entrevistas también con elementos de la policía, del ejército, con paramilitares que se cansaron de ser títeres de una situación que no tiene ni pies ni cabeza, un deseo de justicia que se tuerce a venganza y que hacen justicia con sus propias manos (armas en este caso), que torturan igual o peor a los elementos institucionales que están corrompidos y atrapan a gente de las filas del narco o grupos de extorsión.

Cine social en tiempos de guerra

Parecería que en ese mundo soez, oscuro y lleno de sangre no hay esperanza, pero sí está planteada. Un pequeño rayo de luz que nos corresponde a todos. No voltear la cara ante ese dolor, no guardar silencio y aprender de la fortaleza de quienes han vivido esto.

Todos los documentales de Everardo González han tenido esa visión, en cada uno deja una reflexión de nuestra realidad y de cómo afrontar como sociedad un mal que no es ajeno. La libertad del diablo resultó ganadora como Mejor Largometraje Documental en los más recientes premios Ariel que otorga la Academia Mexicana de Cinematografía a lo mejor del cine mexicano, de tal forma que la podremos ver próximamente en algunas salas comerciales.

SNPSMX/Alex Avilés

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