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Julio Hernández Cordón, el otro cineasta mexicano

 

Su más reciente trabajo retrata un fragmento muy cruel de la realidad mexicana en la cual, niños y niñas se ven involucrados en el negocio del narcotráfico ya sea a través de la prostitución o para fungir como sicarios.

Lo cierto es que a los mexicanos nos gusta lo grande, lo opulento, lo ostentoso. Por eso nos gustan los premios Oscar pero desdeñamos el Ariel y sabemos poco sobre el Festival de Cannes, tal vez por eso no nos suene mucho el nombre de Julio Hernández Cordón pero sí el de Alejandro González Iñarritu, Guillermo del Toro o Alfonso Cuarón.

El mexicano de bajo perfil

 Poco de criticable tienen los directores antes mencionados, ya que cada uno de sus trabajos, ha sido reconocido por distintas academias, todos han ganado premios Oscar y esto no es sino por el enorme esfuerzo y corazón que han impreso en cada una de sus prestigiosas obras, sin embargo, otro tipo de cine circula muy de vez en cuando por las salas comerciales.

Ese cine que de pronto no nos gusta ver porque resulta pretensioso, aburrido, clavado, incomprensible. ¿Para que otra cosa sirve el cine si no para entretener? Para hacer conciencia, dirán algunos o incluso, para cambiar al mundo, dirán los menos. Justo de esto va el cine dirigido por Julio Hernández Cordón, quien desde hace mucho tomó la decisión de hacer cine poco comercial pero muy entrañable.

Los  pequeños y firmes pasos de un mexicano guatemalteco

 Muchos dirán “pero es que nació en Estados Unidos, la tuvo fácil”. Hijo de padre mexicano y madre guatemalteca, ambos migrantes y residentes del Norte de Carolina, Hernández Cordón nació precisamente en Raleigh, pero posteriormente se estaría moviendo continuamente entre sus tres países de origen, situación que le otorgaría una visión global del mundo, la cual contempla las realidades de tres países diametralmente distintos en el fondo, pero similares en la superficie.

Julio Hernández Cordón concluyó sus estudios en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Te prometo Anarquía, fue la obra que lo catapultó a la cima, obteniendo galardones en los festivales internacionales de cine de Toronto, Locarno y Morelia. El año pasado estrenó  Atrás Hay Relámpagos, llevándose también varios premios, pero finalmente, el pasado mes de mayo su obra más reciente: Cómprame un Revólver, compitió en el Festival de Cannes durante la Quincena de Realizadores, sin llevarse el premio pero sí gratas críticas a su trabajo.

Cómprame un revólver

 En palabras del director, su más reciente trabajo retrata un fragmento muy cruel de la realidad mexicana en la cual, niños y niñas se ven involucrados en el negocio del narcotráfico ya sea a través de la prostitución o para fungir como sicarios. “Digan a sus políticos que ya es hora de legalizar las drogas. México ha puesto ya demasiados muertos. Estados Unidos nos está inundando de armas por algo que no se consume totalmente en el país” dijo en conferencia de prensa, esa prensa internacional que a veces sí es escuchada en países que no sean México.

En su película, Hernández Cordón, dice enviar una carta a los niños quienes deben estar alertas e informados de las cosas que suceden en México y de las que pueden ser víctimas en caso de caer en las garras de un grupo de mafiosos.

Como apego a su sello personal, ninguno de los actores en su película son profesionales, incluso dos de las protagonistas son sus hijas. Una de ellas encarna a la hija de un portero vigilante de una cancha de beisbol frecuentada por una banda de narcotraficantes, mientras él lidia contra la adicción al crack y su eterna ansiedad por mantener a su hija a salvo.

Cómprame un Revolver se exhibirá probablemente en salas mexicanas a fin de año.

 

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